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El peluquero de barrio que lanzó su propia marca de vinos

Brindando con un vino de Osvaldo Adrián Pontilli venís a enterarte que el tal Osvaldo Adrián (¡cómo no haberlo sospechado!) es un peluquero que está en plena facultades de su oficio y ahora mismo, en su local de la calle Báez, anda muy ocupado. Mientras esperamos entre los sillones tipo Don Mateo, se ve una bodega con botellas y cajas donde se lee Pontilli Wines.

-Debés ser un caso único. Ni Giordano…

-Toda utopía es factible de hacerse realidad. Estoy combinando dos pasiones. Cuando se me pone algo en la cabeza, me embalo y estudio. El vino y la peluquería el son resultado de eso. Mi peluquería está en este barrio desde hace más de 30 años. Las Cañitas, en ese entonces, era un lugar inundable. El patio trasero de la ciudad.

-Dice “peluquería de hombres”.

-Es que es una peluquería de hombres.

-¿Por qué?

-Porque el concepto “unisex” empezó a difundirse en los ‘90 y yo ya me había recontra instalado. Además, no me gustan las tinturas y esas cosas…

-¿Cómo se fue dando el “maridaje”?

-¿Con el vino? A ver, en los primeros 2.000 empiezo a sentir una inquietud por el tema y me pongo a leer. Me obsesiono. Hago la carrera de sommelier, pero siempre sigo teniendo la peluquería. En ocasiones creo que el vino empieza a ocupar un lugar cada vez más importante…

-En la peluquería.

-No, en mi vida. Y en la peluquería también. Al principio era medio cómico, al punto de que los corredores de las bodegas venían a visitarme…

-Me dijeron que si vengo a cortarme el pelo, vos recibís al cliente descorchando una botella.

-Empecé ofreciendo vinos de otras bodegas, no de la mía, y ¿sabés qué? Fui notando cómo cambiaba el curso de las charlas.

-Llamativo...

-Muy llamativo.

-¿De qué se acostumbra hablar?

-De cualquier cosa para terminar hablando siempre de lo mismo: economía o política. Pero lo que pasó conmigo fue un cambio radical. Me di cuenta de que había mucha gente interesada en el tema vinos.

-Y bué, Osvaldo, pero hoy día el vino…

-No, escuchame, yo tengo clientes de tres generaciones y empecé a notar una gran ductilidad nunca antes explorada. Lo mío era destapar una botella, explicarles qué cosa estaban tomando…

-“Era”. Hablás en pasado.

-Ahora no lo hago sistemáticamente.

-¿Sos un sommelier que corta el pelo?

-Ayer encontré una planilla de cata del año 2012. Te la guardé para que las veas. Fue de cuando empecé a dar clases de cata en la peluquería.

-Se te superponen las actividades…

-No, jamás. Yo no mezclo. Los lunes los peluqueros de antes cerramos. Entonces, los lunes, cata, degustación, vino… ¿Ves esa foto? Es aquí mismo, en la peluquería.

-Genial…

-Clases de iniciación al vino en la peluquería, jajajá. Cursos de cuatro encuentros, deleitando a mis clientes con vinos de mi propia cava.

-Muy bueno.

-¿En serio te gusta? Gracias. Modestamente, creo que revaloricé el espacio de la peluquería. Al principio, esto entre nosotros, me daba mucha vergüenza que las charlas ocurrieran en este ámbito. Después me di cuenta de que mi lugar era muy cómodo y cálido. A partir de eso ya no me interesó disimular nada.

-¿Cómo aparece lo de «Pontilli» para el vino?

-¿Pontilli wines? Pontilli es mi apellido. Lee lo que dice acá –señalando un afiche contra la pared-: “Emprendedor decidido y soñador, siempre en la búsqueda de nuevos desafío”. Ibamos a poner esto en la contraetiqueta de mi línea, pero al final decidimos que no.

-Ahora hablás en plural. ¿Tenés socios?

-No, no, estoy yo solito en esto. No sé por que hablo en plural, jajjá. Esta locura nace por culpa de una docente de mis cursos de sommelier. Un día ella viene y me sugiere que lance una marca de vinos propia. Desde que me lo dijo estuve dándole vueltas al asunto durante años. De verdad te digo. Tres años revisando las posibilidades reales de llevar adelante semejante emprendimiento…

-¿Pensando si tinto o si blanco…?

-No, no, pensando cómo, dónde y con quién encarar mi propio proyecto vitivinícola.

-¿Y?

-El Pontilli se hace en Mendoza, departamento de Junín.

-A tu peluquería le pusiste “Osvaldo Adrián” y al vino le diste tu apellido.

-No lo había notado, es cierto. Osvaldo Adrián es mi nombre. Suena bastante ochentoso pero era lo que se usaba en su momento. Tal vez quiere decir que en todas mis iniciativas estoy yo. Mi impronta. La primera cosecha del Pontilli es de 2013 y sale al mercado recién a fines de 2014. Fue una partida chiquita, reducida, casi exclusivamente para clientes de la peluquería.

-¿Si voy al chino lo consigo?

-No, sólo se consigue en vinotecas, es un vino gourmet que está en algunos restoranes. También estoy en Córdoba, en Tucumán, en Rosario…

-¿Ganás más con el vino o cortando el pelo?

-Es un círculo virtuoso. Una cosa y la otra se funden, se complementan. Los vinos, eso sí, requieren de una reinversión constante.

-Vendeme el Pontilli.

-Un vino que en nariz es bastante aromático. La barrica es muy sutil y no tapa el aroma frutal de la ciruela madura.

-¿Imaginás gente brindado con tu marca?

-El otro día me mandaron una foto de una mesa en Uribelarrea, provincia de Buenos Aires. Se los veía cenando con el chardonnay de mi bodega. Para mí, felicidad pura.