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Malbecgrafía, el mapa del sabor

Una cartografía tiene cotas para las alturas, colores para la flora y hasta una toponimia para los lugares. Si esa cartografía representara el mundo del malbec, sumaría además un mapa de sabores. Sería una malbecgrafía.

En ese gran mapa, además de la Argentina, deberían estar Cahors en Francia (donde hay casi cinco mil hectáreas), Colchagua en Chile, Margaret River en Australia y Lodi y Napa Valley en California, además de Crimea en Ucrania. Tal es la amplitud de la variedad, aunque en ningún otro lugar alcanza las 39 mil hectáreas de Argentina, ni su amplitud de sabores y estilos.

Una malbecgrafía de la Argentina, sin embargo, exige cotas que van desde los 300 metros de la Patagonia a los 3100 de los Valles Calchaquíes. Todas zonas de desierto, la intensidad lumínica y las precipitaciones trazarían curvas poco sinuosas. Donde las diferencias serían más notables y las líneas caprichosas, es en las isotermas de máximas y mínimas y en el mosaico de tipos de suelos. Todos definen, a su vez, un mapa del sabor.

Conviene trazar un primer mapa para elaborar esta cartografía. En la Argentina, un primer mapa sería el siguiente:

Malbec Calchaquí: rojo violáceo, aromas frutales y especiados, con boca amplia y taninos compactos.

Malbec de 1300 y más metros, de Gualtallary y Pedernal, por ejemplo: violetas obispales, profundos, frutales, florales y balsámicos, con boca jugosa y de taninos finos y firmes.

Malbec en torno a mil metros, como Las Compuertas o La Consulta: púrpura, frutales y maduros, con boca amplia y de taninos gordos y golosos.

Malbec de 300 a 600, como los del sur de Mendoza o la Patagonia, rojo violáceos, frutales y maduros, con bocas amplias y golosas, de taninos moderados. Excepción hecha del Alto Valle del Río Negro, donde la población de malbec suma un trazo vegetal a ese perfil frutado.

Ahora solo resta pinchar chinches en este primer mapa del sabor.